Carta de un niño – Presentimiento de una sonrisa.

  • Hola, mi nombre es… bueno, ahora no importa eso. Hoy desperté con una sonrisa en mi cara, agradecido con la vida por un día más, tal y como me enseñaron mis papitos hermosos, quiénes con una sonrisa todas las mañanas me dan un beso en la frente.
  • Buenos días mi amor… dice mi mamá.
  • ¿cómo despertó mi campeón?… dice mi papá.
  • Qué bonito despertar así… Sé que hay niños que no tienen la misma suerte, que no pueden ver a sus papás juntos, o no los ven todos los días y algunos, que ni siquiera los conocen… Me da pena, y a su vez me llena de alegría saber que mis papás si están. Agradezco poder disfrutarlos diariamente.

Por mi ventana veo las hojas caer lentamente, duermo en el segundo piso de la casa, mis papás en la habitación de al lado. Mi hermana abre la cortina, un sol brillante que casi no abriga, ilumina mi pieza. Ayer llovió, se ve muy linda la cordillera… abrí mi ventana para respirar hondo, me encanta sentir el viendo frío en las mañanas después de la lluvia, el olor a tierra mojada se mezcla con el pan tostado.

  • Ya está listo el desayuno… ¡no los voy a llamar de nuevo!… Mi mamá se molesta si no me tomo toda la leche, y cuando no quiero más, mi papá me cierra un ojo.

Siento que hoy será un día especial, no sé por qué, mi mamá me mira raro, mi papá conversa con mi hermano mayor, sé que él no se aguantará y me contará (es cuestión de tiempo) él siempre cuenta todo, no sabe guardar secretos, en cambio yo, soy el mejor.

Conversé un rato con mis padres y les presté atención a todo o que me decían, que estaban contentos de tenerme en sus vidas y que gracias a mí, los he hecho  crecer mucho como personas y están muy agradecidos por eso. Agradecer, que bonita palabra, mi mamá siempre me la recuerda.

  • Agradezca hijo, hasta por lo mínimo… mi mamá me lo repite diario.

Luego realizo mis actividades cotidianas, a veces me cuesta mucho, otras no tengo ganas de hacer nada, pero hoy, hasta me gusta. Todas las semanas, vienen personas a compartir conmigo, algunos nunca se cambian de ropa, que raro… me gusta recibir visitas, pero no me gustan que algunos hablen de mi y hagan como si yo no me diera cuenta.

  • (Voz de viejo) Mmm, probaremos esto y evaluaremos sus cambios… (Pfff, ya se que hablan de mí).

Mi hermano mayor entró a la pieza y adivinen… jajajaja, no se aguantó, me contó el porqué mi mamá me miraba tan extraño… Mi papá le dijo en secreto que hoy vendrían a verme unas personas de rojo que nunca antes habían venido… (¡DE ROJO! Waaaa, ¡DE ROJO!) ¿Serán de la selección chilena? ¡Ojalá venga Vidal! O no… ¡mejor Bravo!… (no, el ya no viste de rojo) ¿y si viene Medel, o Sánchez?

*Suena el timbre*

– ¿quién será?

*Se abre la puerta*

– ¡Rayos! (decepción) no es la selección chilena… pero por lo menos se ven simpáticos.

¿Capa y sombrero? ¿tiene capa y sobrero? ¿se viste así todos los días?

El otro tenía muchos libros en la mano, nunca había visto tantos libros juntos… eran de todos los colores, y brillaban muchísimo.

Uno de ellos trajo una guitarra, ¡me encanta la música! La guitarra es uno de mis instrumentos favoritos.

El último…. ¡una nariz de payaso! Y no le da vergüenza salir a la calle… ¡JA! A mí tampoco me daría, debe ser muy divertido.

  • El de capa y sombrero se acercó:
  • ¡Te voy a enseñar a hacer magia de verdad!
  • Estaban hablando conmigo, y no de mi…

Viajé a mundos nuevos, mundos de fantasía… algunos eran de chocolate, otros tenían notas musicales por todas partes, incluso, había un mundo donde todos tenían narices de payaso… ¡TODOS!

  • Esta mañana tenía un presentimiento especial… la sonrisa matutina me había durado todo el día, y ahora, mi mamá también la tiene… se ve tan linda cuando sonríe.

Tuvimos que cerrar la cortina, era hora de una siesta, cerré también mis ojos y aún sentía como el sol brillaba intensamente. Escuché a mis nuevos amigos despedirse de mi mamá:

  • Muchachos, ¿vienen la otra semana?… preguntaba mi papá mientras les habría el portón.

Espero que sí, la pasé muy bien hoy… Me gustaría que todos los niños que necesiten de mis amigos de rojo pudieran contar con ellos.

Me siento inmensamente feliz… tengo el amor incondicional de mi familia y yo también los amo. Tengo el respeto de mis amigos y de quienes me conocen, me han enseñado a respetar. Y, aunque sigo acá en mi cama y hoy no pueda correr o saltar como los otros niños de mi barrio, tengo los mismos derechos que ellos… derecho a soñar, a ser feliz y a ser tratado con amor, respeto y dignidad.

Mi nombre, si lo quieren saber, pregúntenmelo a mí, no lo busquen en los papeles que acompañan mis recetas médicas. Los invito a quitarse los prejuicios y conocerme de verdad. Por mi parte, les prometo que aunque me canse, no dejaré de luchar con constancia y perseverancia. Ustedes, prométanme solo una cosa… no dejen de creer en mí, porque la magia solo está en creer.

 

Alcides Palma

Víctor Carvajal